lunes, 25 de abril de 2011

OTRO MEDICO ASEGURA LA TOXICIDAD DEL GLIFOSATO





Distintas voces se pronuncian permanentemente en contra del uso del glifosato en la producción agropecuaria, señalando que la fumigación con este plaguicida es nociva para la salud de las poblaciones rurales.


Sumándose a muchas voces, el médico pediatra Rodolfo Páramo, de la localidad de Malabrigo, en el norte de la provincia, hizo pública una crítica al gobernador Binner desde el lugar de colega. “El gobernador, médico sanitarista, niega que el glifosato sea tóxico. Dice que es un mito. Binner debería probar que el glifosato es un mito”, se enojó.

Páramo dice que en Malabrigo la soja entró “ de contrabando” en 1993, mucho antes que fuese liberada por el gobierno de Menem (el ministro de agricultura era Felipe Solá) en 1996. En su pueblo se comenzó a sembrar en el verano del 93, y entre mediados del 94 y del 95 fue cuando aparecieron los primeros casos de malformaciones congénitas”, denunció.

“Yo fui neonatólogo y jefe del servicio de guardia de la maternidad del Hospital Cullen de Santa Fe, y ahí veíamos el nacimiento de un bebé con malformaciones por cada entre 8.500 y 10 mil nacidos vivos. El porcentaje que tuvimos en Malabrigo, en una población que tiene entre 180 a 200 nacimientos por año, fue de 12 casos de malformaciones. Eso nos hacía parar los pelos de punta. Y la mayoría de estas malformaciones eran incompatibles con la vida”.

Dijo que las malformaciones que más se advierten “tienen que ver con el tubo neural, desde falta de masa encefálica y de huesos que cubren el cerebro, hasta hernias en la columna vertebral”.

El pediatra, que tiene 67 años y más de cuatro décadas en la profesión, también relevó malformaciones “a nivel cervical dorsal donde el chico nace cuadripléjico, y a nivel lumbro sacro que el chico nace parapléjico”. Y fue contundente: “Si estos chicos sobreviven, tienen terribles secuelas de parálisis, infecciones urinarias, etc.”.

Paramo señaló que durante años trabajó también en el Hospital Gutiérrez de Buenos Aires, haciendo neuropediatría. “Allí nos recalcaban que en la embriología del sistema nervioso central, el protector para evitar este tipo de malformaciones es el ácido fólico. Mi planteo fue que en el ambiente había algo que inhibía la acción protectora del ácido fólico o que competía con él, produciendo estas malformaciones. Investigué qué se estaba utilizando: en ese entonces, terminaban de aplicar los venenos en el campo y entraban los equipos al pueblo, con sus boquillas chorreando productos tóxicos. Cuando preguntamos qué estaban usando nos decían que era el Roundup y que de acuerdo al Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) era inocuo. Que en contacto con la tierra se degradaba y que no producía ningún efecto dañino sobre e ser humano ni los animales. Y nos callamos la boca”, recuerda el pediatra.

Sin embargo una prueba resultó contundente: “La comuna de Malabrigo prohibió el ingreso al pueblo de estos vehículos, los llamados mosquitos, y por arte de magia desaparecen las malformaciones”, afirmó.

Pero el problema siguió por otros caminos, y más espeluznantes: “Se comienzan a ver, periódicamente, de cuatro a cinco mujeres por día que abortan.

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